Arenilla, ardor, ojos rojos o visión que va y viene: así se siente el ojo seco. Te contamos por qué pasa, qué lo empeora y qué hábitos ayudan, y cuándo conviene que te revise un profesional.
Si al final del día sientes los ojos pesados, con arenilla o ardor, y a ratos la vista se te pone borrosa hasta que parpadeas, puede que tengas ojo seco. Es una de las molestias visuales más comunes, y se ha vuelto más frecuente con las horas que pasamos frente al celular y la computadora.
En esta guía te explicamos cómo reconocer el ojo seco, por qué aparece, qué hábitos ayudan a aliviarlo y en qué momento ya no conviene esperar y es mejor que te revise un profesional de la salud visual.
Tus ojos están cubiertos por una capa muy fina de lágrima que los protege, los lubrica y ayuda a que veas nítido. El ojo seco aparece cuando esa capa falla: o tus ojos producen poca lágrima, o la lágrima se evapora demasiado rápido.
En muchos casos es una condición que va y viene, y que se maneja con buenos hábitos. En otros es persistente y necesita un tratamiento indicado por un especialista. Por eso vale la pena entender qué la provoca en tu caso.
No todas las personas lo sienten igual, pero estos son los síntomas más habituales:
Sí, y confunde a mucha gente. Cuando la superficie del ojo está seca e irritada, el ojo puede responder con un lagrimeo reflejo. Esa lágrima de emergencia no lubrica bien, así que el ojo sigue molesto aunque esté húmedo.
El ojo seco casi nunca tiene una sola causa. Estas son las que más se repiten:
En ciudades como Quito, el aire suele ser seco, hay días de mucho viento y el sol es intenso por la altura. Si a eso le sumas varias horas de pantalla, es normal que los ojos lo resientan. Usar lentes de sol con protección UV al salir y cuidar tus pausas frente a la pantalla ayuda bastante.
Estos hábitos sencillos ayudan a muchas personas a sentirse mejor:
Las lágrimas artificiales son una ayuda muy común para lubricar el ojo. Aun así, no todas son iguales: las hay con y sin conservantes, en gotas o en gel, y no todas sirven para cada persona o para usarlas con lentes de contacto. Lo ideal es que un profesional te indique cuál usar y cada cuánto, en lugar de elegir al azar en la farmacia.
Si usas lentes de contacto y sientes sequedad, no tienes por qué dejarlos de inmediato, pero sí conviene revisar cómo los usas:
Tienes todos los cuidados paso a paso en nuestra guía para usar tus lentes de contacto blandos de forma segura.
Los hábitos ayudan, pero no reemplazan una revisión. Pide una evaluación si:
Si hay dolor, una disminución brusca de la visión o el ojo está muy rojo, acude cuanto antes a un oftalmólogo. Son señales que no conviene esperar.
En Pupil podemos ayudarte a entender qué está pasando con tus ojos:
A veces sí, cuando es pasajero y se debe al ambiente o a un día largo frente a la pantalla. Si es frecuente o persistente, lo mejor es que te revisen para saber la causa y cómo manejarlo.
Porque el ojo irritado produce un lagrimeo reflejo. Esa lágrima no lubrica bien, por eso la molestia sigue.
No es lo ideal. Hay gotas con funciones muy distintas, y algunas no están pensadas para usarse a diario ni con lentes de contacto. Pide que te indiquen cuál te conviene.
Pueden empeorarlo, porque frente a la pantalla parpadeamos menos. Hacer pausas, parpadear a propósito y ajustar la posición de la pantalla ayuda mucho.
Muchas personas sí, ajustando las horas de uso, los cuidados o el tipo de lente. Si te molestan, consúltalo antes de seguir usándolos igual.
Si sientes los ojos secos seguido y quieres saber por dónde empezar, cuéntanos cómo te sientes y te orientamos. Escríbenos por WhatsApp.
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